TONIO - CAÑUELA (Cantabria)
Curso 2004 - noviembre. Gloria Moreno
Jesús Foguer, Luis Toquero, Paco Toquero, Miguel Sanz, Juan Oliva y Gloria Moreno.
 
 

Era la primera travesía "en condiciones" para mí y para algunos de los que íbamos. La noche anterior nos habían contado algunas cosillas de la cueva: "que si hay un paso muy estrecho en que casi no cabes y tienes que quitarte aparatos", "que si guarda fuerzas porque es bastante larga y hay pasos dificilillos..." pero a pesar de los comentarios tenía muchas ganas de ir.

Aunque parezca mentira, salimos casi antes de la hora prevista. Ángel se vino con nosotros para hacer el juego de los coches y dejar uno a la salida. Para llegar a la entrada, había una subidita de más o menos 1h 30' con un respetable desnivel y, aunque el día no era muy caluroso, nos costó sudar. Llegamos a la boca, nos colocamos los trastos y creo que sería sobre las 12:30 cuando empezamos. La entrada es un pequeño agujero donde hay un pozo de 15 m. en forma de tubo. Primero iba Jesús instalando, nos explicó como montar las cuerdas para poder después recuperarlas con un cordino, después pasó Luis, Gloria, Miguel, Paco y Juan, que iría desinstalando. Tras este pozo, otro de 28 m. Llevábamos 2 cuerdas que alternábamos para ganar tiempo. Durante la bajada, íbamos cambiando las posiciones, excepto Juan y Jesús que como eran los "expertos" del grupo tenían que instalar y desinstalar. Me puse detrás de Jesús para fijarme como montaba las cuerdas e intentar aprender alguna cosilla.

Luego vino el pozo de 35 m. en el que me vino bien llevar saca pues con la cuerda embarrada al principio me costaba bajarlo. Nos íbamos acercando a la "zona temida", "la estrechez"; tras un pozo de 10 m. llegamos a la diaclasa. Aquí nos explicaron que teníamos que quitarnos los rapeladores del maillon delta y colocarlos en la baga de anclaje corta al igual que el mosquetón de freno que lo pusimos en el mosquetón del descendedor, de esta manera, al llevar los brazos más altos ocuparíamos menos. Para acercarse a la cabecera, había un pasamanos con una cuerda "poco fiable" que Jesús cambió por otra; según avanzaba, se iba encajando entre dos paredes hasta que llegó a la cabecera del pozo donde ya le perdí la vista; cuando me dio libre, me puse la saca y por el pasamanos me iba acercando entre dos paredes estrechas a la cabecera, llegué sin dificultades, alguna que otra vez se enganchaba la saca pero sin problemas. En la cabecera cogí los aparatos previamente preparados y comencé a bajar, no veía por donde iba pues prácticamente vas tan encajado que no puedes moverte, yo sólo me dejaba guiar por donde me llevaba la cuerda y la saca, y cuando me quise dar cuenta, ya había llegado donde esperaba Jesús, me pareció un paso muy interesante, sobretodo después de haberlo pasado. Detrás de mi bajó Luis, Miguel, Paco y Juan, se nos dio bastante bien a todos.

Continuamos descendiendo por una rampa, después una pequeña trepadita, ayudados de una cuerda fija y llegamos a un péndulo que nos conduce al pozo de 40 m. Para superar el péndulo nos ayudamos del puño. Ahora iba la penúltima; hay diferencia según la posición en la que te encuentres, cuando vas en segundo lugar, vas escuchando las explicaciones que da el primero, que generalmente se conoce la cueva, y te va indicando si el paso tiene "alguna dificultad"; ahora aunque el que va delante "te dice algo", cuando llegas, observas lo que hay actuando según tu criterio y es cuando te das cuenta que ya tienes una relativa independencia, tardarás más o menos en realizar el paso porque quizá compliques las cosas, pero ves que lo importante es estar asegurado de dos sitios y a partir de ahí "buscarte la vida" con los aparatos que crees que necesitas para llegar donde tienes que ir. Me llamó la atención en este pozo la pelota de tenis hueca que se instaló en la cabecera para evitar que la tensión de la cuerda metiese el nudo dentro del mosquetón. Al final de este pozo había instalado un pasamanos para evitar el péndulo que conduce al fondo. La recuperación de la cuerda fue algo dificultoso, Juan y Paco casi tienen que ayudarse de la navaja, pero al final un buen tirón fue suficiente.

Después otro pozo de 34 m. sin mayor dificultad. Los tres pozos siguientes 12, 18 y 22 m. los instalé yo (eran muy limpios) haciendo un nudo a mitad de cuerda para descender por el otro cabo. Llegamos a una gatera (Gatera de la Borrasca) que nos conduce al último pozo de 18 m. en volado que da acceso a la sala de Olivier Guillaume. Es impresionante cuando vas por la gatera estrechita y al salir, es como una ventana que da paso a un amplio espacio. Para descender este pozo la colocación de aparatos es algo complicadilla porque estás medio tumbado y tienes que lanzarte al vacío.

Tras descender los 280 m. estamos en la sala de O. Guillaume donde habíamos quedado para comer con un grupo que entraría desde nuestra salida, pero por las horas que eran (sobre las 18:00) supusimos que ya habrían pasado, así que, continuamos caminando por una incomoda ladera pedregosa. Llegamos a la Galería del 10 de Agosto donde se ven estalactitas colgando del techo y en la llamada Sala de Vivac paramos a comer. Serían sobre las 19:00, dijimos de parar 15' pero la comida se alargó a 40' incluyendo purgar carbureros.

A partir de aquí ya no me fijé demasiado en las formaciones pues íbamos algo deprisa y el carburero no me funcionaba por lo que no veía demasiado. Si recuerdo pasar por una sala, que supongo sería la Galería de las Sierras, con unas bellas estalactitas en forma de sierra colgando del techo. Continuamos una subida por un bloque de piedra y decidimos coger el camino de salida más corto por la Galería del Bulevar evitándonos pasos laberínticos y estrechos. Bajamos por una cuerda fija y llegamos a un pasamanos instalado con un cable de unos 30 m. de longitud, ya solo nos quedaba para salir una "gaterita" a la que Jesús se había referido en varias ocasiones. La cueva se abría, subimos una pequeña cuesta y de repente estábamos en la calle, ¡nos habían tomado el pelo con la gatera!

Serían sobre las 20:15 cuando salimos (casi ocho horas), era de noche así que continuamos con nuestros frontales encendidos bajando campo a través por un camino embarradísimo y lleno de hierba; nos dimos algún que otro resbalón y vimos algún que otro roble con unos troncos espectaculares.

Llegamos a un riachuelo donde nos lavamos un poco y enseguida vimos el coche. Nos cambiamos y para Asón a por una cervecita y a cenar.

 
   
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