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Se trata de una travesía que ya se ha
hecho en dos ocasiones por miembros del club y debido a su
dureza pensamos en ella como entrenamiento para la que
intentaríamos unos días más tarde, la de Cueto-Coventosa.
Con todo preparado del día anterior partimos de madrugada
para evitar el calor en la subida a Tibia.
Dejamos el coche en el camino que sale del Km. 7 de la
carretera que recorre el valle.
Empezamos a caminar cuando todavía es de noche. Veinte
metros después de vadear el río sale a la izquierda una
senda poco marcada en su inicio que, tras casi dos horas de
subida, nos lleva a la boca de Tibia.
Durante la ascensión disfrutamos de unas bonitas vistas del
valle. Hace un día estupendo y, la verdad, no apetece
meterse a un agujero, pero ¡joder! ya que estamos aquí habrá
que entrar ¿NO?. Así que a pertrecharnos los aparatos,
reorganizar las sacas y al lío.
Casi 400 metros de desnivel
repartidos en una serie de pozos con gran variedad de
dificultades nos separan del río Tibia. La primera de
ellas un P 85 que acojona. Lo bajamos en dos tiradas,
con gran cuidado en el cambio de cuerdas. Es
impresionante el ruido de la cuerda al recuperarla en el
primer tramo.
También tenemos un meandro desfondado superestrecho en
el que antes había unos palos atravesados que nos
ayudaban a recorrerlo y ahora faltan.
A media sima está la temida gatera. La intentamos pasar
inútilmente por arriba, donde hay unas marcas de carburo
que nos confunden, lo conseguimos por abajo, con muchas
dificultades. Este punto hay que tenerlo en cuenta antes
de emprender la travesía, pues aquí no hay retorno.
Después de varios recodos, poco más
anchos, salimos a la cabecera del pozo del péndulo. Está
instalado con cuerda fija en mal estado que solo utilizamos
para desviarnos hasta la ventana.
Cuando bajamos todos intentamos recuperar la cuerda
inútilmente (llegando a romper la camisa del cordino)
teniendo que hacer uso de la vieja para subir a recuperarla.
Para terminar hay otro P 85. Se baja en tres tramos. El
primero, instalado en fijo, tiene unos 6 metros, aquí
podemos soltar piedras por lo que extremaremos las
precauciones.
Después de ocho horas desde que nos juntamos en la base de
los pozos, comemos y organizamos las sacas.
Río abajo nos encontramos,
en esta ocasión, todos los destrepes equipados con
cuerda. Llegamos a las marmitas salvándolas con dos
pasamanos y un poco más allá encontramos la cuerda que
dejamos instalada ayer.
Subimos los estrechos pozos y recogemos las cuerdas.
Dirigiéndonos a la salida por el camino ya conocido. En
tres horas estamos en la calle. Poco más tarde, en una
noche oscura, llegamos al coche, después de 16 horas
desde la partida.
Utilizamos un cordino de 70 metros para recuperar.
Cuerda de 43 metros para la primera parte de los P 85 y
una de 73 metros para el resto. La tirada más larga es
la última del segundo P 85 donde solo sobran 5 metros de
cuerda. En algunos pozos la utilizamos en doble evitando
el uso del cordino.
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