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Desde el hall accedemos a la cavidad por la izquierda de una
empinada rampa. Unos escalones tallados a los que sigue una
pedrera nos conducen a las fantásticas galerías de la
Rubicera. En realidad se trata de una gran y caótica
galería.
La recorremos próximos a la izquierda por una senda que nos
lleva hasta unos formaciones blancas a final de la galería,
evitándonos subidas y bajadas por el caos de bloques. Tras
estas, la senda desciende hasta el fondo de una tolva negra
donde suena el agua. Entre los bloques buscamos el paso
estrecho por el que descendemos malamente.
A esta dificultad sigue una colada que abandonamos por la
izquierda metiéndonos en una pequeña zona laberíntica (en el
sentido inverso es más difícil) que da acceso a una zona de
amplias galerías fósiles donde se avanza con facilidad.
En
una sala con bloques untados de barro blanco resbaladizo,
tras un gran bloque, cuelga una cuerda, no la descendemos
solo nos ayudamos de ella para pasar al otro lado.
Al cabo de un rato llegamos a una sala de techo alto, se
continúa a la derecha, pero aquí nos desviamos de la
travesía un momento a la izquierda, para visitar la "Sala de
la Teta".
Picoteamos algo y nos abastecemos de agua de una garrafa
estratégicamente colocada en unos goteos. Llevamos una hora.
Retrocedemos al punto donde habíamos abandonado la travesía.
Seguimos los hitos que empiezan a aparecer. Siempre a la
derecha llegamos a una galería con pequeños desfondamientos.
Uno de ellos asegurado con un pequeño pasamanos. Descendemos
por la pedrera de una sala donde hay dos ventanas al frente,
continuamos por la de la izquierda para seguir descendiendo.
A una galería baja le sigue una más amplia que seguimos a la
derecha (aquí lo más evidente es tirar a al izquierda con lo
que es fácil confundirse tanto si se realiza la travesía en
un sentido o en otro) penetrando en una cómoda gatera que da
acceso al P 31.
Desde la base del pozo se continúa por una reducida galería
repleta de formaciones a la que le sigue un rectilíneo y
estrecho conducto que da acceso a una zona intrincada.
Parten varios caminos que conectan con el río Rubicera.
Seguimos uno marcado con cintas. En la primera intersección
seguiremos a la izquierda (si continuamos recto veremos una
galería de lo más chulo, y "ahora va en serio" de una
sección un tanto peculiar) para a los pocos metros
desviarnos a la derecha y así continuar por una amplia
galería de sección cuadrada. Después de una bajada oímos el
río, alcanzándolo por unos destrepes.
El agua surge de unas diaclasas horizontales. Durante un
buen rato seguimos el curso del río, unas veces mojándonos
levemente, otras evitando el agua por las terrazas que se
forman a un lado y otro. Las oposiciones son algo forzadas y
la ayuda entre compañeros se suceden, "aquí vale todo".
El río se desfonda y tras saltarlo por arriba en tres
ocasiones lo abandonamos por una galería seca "Via Real", en
principio estrecha ampliándose después, donde adquiere una
sección triangular con formaciones incluidas, a medida que
avanzamos vuelve a hacerse más modesta estando salpicada de
pequeños resaltes, dos de ellos equipados con cuerda (la
primera con un gran deterioro).
De nuevo nos juntamos con el río que surge a nuestra derecha
en forma de pequeña cascada. Nos aprovisionamos de agua para
afrontar la parte intermedia y volvemos a abandonarlo a los
pocos metros por una gatera bien visible en la margen
izquierda. A la salida de ésta encontramos la cuerda que da
inicio al pasamanos que nos conduce al otro lado del P 90.
Para superarlo es necesario el rapelador y el puño. Es corto
pero su inicio "acojona un poquito" viendo la cuerda y
sabiendo lo que tenemos debajo "muy debajo".
Una vez reagrupados al otro lado hacemos una parada para
comer, llevamos cuatro horas y estamos en la mitad del
trayecto. Seguimos recto por un pequeño conducto, en su
inicio abarrotado de formaciones. Da acceso a una sala de
techo alto donde cae una cuerda a nuestra derecha (en
sentido inverso es difícil ver la galería por la que
veníamos) por ella accedemos a una galería colgada 20 m. más
arriba.
Salvamos un resalte equipado y superamos un estrecho e
incómodo pozo de 15m.
Poco más allá tomamos una zona descendente agaterada, a la
izquierda.
Bajamos un P 10 de cabecera estrecha y otro más amplio, de
15 m.
Ya sentimos cerca el agua y por una cuerda de nudos
descendemos hasta el río Leolorna por su margen izquierda.
Hemos llegado a un impresionante cañón que me recuerda al de Coventosa. Pocos metros aguas arriba alcanzamos el lago
(navegable en unos 30 m. de longitud) donde sufrimos el
incidente del piraucho.
Al otro lado una larga galería inundada, donde la oposición
es jodida y no te salvas del agua. Al final de ésta
remontamos una cuerda que da acceso a una serie de marmitas
que superamos con la ayuda de un potente pasamanos
ascendente.
Tras otro segundo tramo de pasamanos más corto remontamos el
río sin dificultad, hasta la sala de la cascada donde
salimos de él. Antes hemos pasado por la desembocadura de
afluente del Cuivo.
Sin llegar a unas coladas nos desviamos por una galería a al
izquierda, al final de ésta hay una cuerda por la que
ascendemos una rampa y a continuación la rampa del agujero
soplador.
Subiendo por la sala de caos de bloques llegamos a la base
del pozo del Mortero. Solo nos queda remontarlo.
Recomendaciones
El P 31 de la Rubi está
equipado en fijo, pero es conveniente instalar otra
cuerda y que solo utilice la fija el último en bajar.
Si haces la travesía entrando por el Mortero:
1º Es necesario el uso del peto de neopreno para la zona
inundada si no quieres ir mojado toda la cueva.
2º En la zona intermedia, al bajar a la sala por el P 20
tenemos que seguir por una gatera difícil de localizar.
La buscaremos subiendo 15 ó 20 metros por el caos de
bloques a la izquierda.
3º Al salir del río Rubicera tendremos que buscar a
nuestra espalda dos flechas ascendentes que nos indican
la trepada a las galerías superiores.
4º Asegurarnos de que el P 31 esté instalado.
Tendremos que acostumbrarnos a instalar la entrada del
Mortero por las rampas ya que en la base del clásico
volado hay claras muestras de grave peligro de
desprendimiento.
Y por supuesto mucho cuidado con las crecidas.
(Jesús Foguer)
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