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Si os animáis a intentarlo, aquí os describo el recorrido. A pesar de estar cada vez más marcado, la parte final en este sentido es algo laberíntica, siendo preferible conocerla con anterioridad.
El Sumidero de la Cuesta del Cuivo se inicia con un pozo alargado de 13m, cuya base se prolonga en pendiente hasta una sala. En la parte inferior se inicia una amplia galería. Se remonta una zona con bloques hacia un nivel superior, para más adelante descender de nuevo. Bajamos un resalte de 3m instalado con cuerda fija. Una zona inundada de techo bajo nos lleva a la cabecera de un P7, por donde cae una débil cascada.
La galería que ahora se presenta es de notables dimensiones, por ella se continúa hasta un nuevo caos de bloques, que se remonta para después volver de nuevo al río por un meandro que se destrepa. En éste se inicia una larga serie de marmitas. Desde un puente de roca rapelamos un resalte en una resbaladiza colada, en cuyo fondo aparece una profunda poza. Tras pasar de nuevo por varias marmitas se llega al P8, bajo el que se abre una sala. Al final de ésta hay un estrecho meandro que se termina sifonando, lo que obliga a abandonar el curso activo y tomar, poco antes, una galería superior, a la que se accede por una corta trepada a la derecha. Un estrecho paso da acceso a un meandro totalmente embarrado. Tras él se suceden una serie de pozos de cortas dimensiones en los que aparece una marmita de barro en la base de cada uno. Por un P7 se llega a un revirado P10 donde se pueden apreciar sobre sus paredes las canales talladas por el roce de las cuerdas. La recuperación en este punto puede ser problemática, siendo conveniente hacerla desde una repisa a escasos metros del fondo. A un tramo horizontal le siguen un R3 y un P5 instalados que nos dejan en la cabecera del P7.
Poco más allá, a la izquierda, abandonamos esta zona embarrada por un resalte dando acceso a un estrecho meandro. Éste nos conduce de nuevo al curso activo. En él abundan los pasos angostos que pueden ser peligrosos en caso de crecida. También aparece algún resalte y aguas profundas donde nos limpiamos todo el barro acumulado en el sector anterior.
Cuando el meandro en el que circulamos se hace impenetrable, por una cuerda a la izquierda alcanzamos una gran sala. Al final de ésta, descendiendo entre grandes bloques, se abre un P17 por el que se llega de nuevo al curso activo. Le sigue un P10 y un amplio P35. Un corto meandro nos lleva al último pozo que consta de un R5 y un nuevo salto de 20m en una resbaladiza colada. En la base de éste se extiende una gran marmita. Hemos llegado a la pintoresca Sala del Arco. Los 500 m siguientes consisten en un meandro activo muy bonito y comodísimo de andar, desembocando sobre la galería principal del Mortero en la cota de -269m respecto la entrada del Cuivo.
A la izquierda, aguas abajo por el río Leolorna, tras superar los pasamanos de las marmitas profundas y el resalte de la cascada, se llega al Lago de unos 30 m de longitud, en el que es necesario el uso del bote para cruzarlo. Al otro lado y poco mas allá, por un resalte en el margen izquierdo (cuerda con nudos), se abandona el curso del río. El ascenso de dos pozos de 15 y 20 m (éste último de cabecera estrecha), dan acceso a una zona agaterada ascendente que conduce a la cabecera de un P15. Un resalte separa la base de éste de un nuevo P20 que se abre sobre una pequeña sala. Subiendo unos 15 ó 30 m por el caos de bloques de ésta, buscaremos, a la izquierda, una gatera de difícil localización y que da acceso a un pequeño conducto abarrotado de formaciones, concluyendo en una terraza arenosa sobre el P90. Un largo pasamanos nos permite pasar al otro lado del pozo. Por una gatera se sale al río Rubicera que pronto abandonaremos, por una galería , a la derecha, la llamada Vía Real, modesta en su inicio y salpicada de resaltes, para después adquirir mayores dimensiones y curiosas formas. Al final de élla llegamos de nuevo al río que encontramos desfondado. Después de saltarlo en tres ocasiones, se baja al cauce encontrándonos con el agua, en general poco profunda, máximo por los muslos, pudiendo evitarla en algunas ocasiones por las terrazas que se forman a ambos lados. El cañón por el que caminamos es amplio y a menudo presenta una sección de T invertida.
Se abandona el río en el punto donde éste surge por unas diaclasas horizontales, remontando unos resaltes en oposición, (señalizados con dos flechas a nuestra espalda). Alcanzamos unas amplias galerías fósiles de sección cuadrada (a la izquierda). Éstas conducen a otras más estrechas e intrincadas donde giramos a la izquierda, para retroceder de nuevo por la izquierda y a pocos metros a la derecha, (siguiendo recto regresaríamos de nuevo al río pasando por una fantástica galería que no hay que dejar de visitar). Tras este laberinto, llegamos a una estrecha diaclasa vertical y rectilínea, en la que en su inicio se a trepar a un nivel superior. Una estrecha galería repleta de formaciones nos conduce a la base del P31.
Una gatera en la cabecera del pozo da acceso a un cruce de galerías. Se ha de continuar por la de la izquierda, de techo bajo y menos evidente que la que sigue recto. Pronto se gana altura por una rampa hasta una pequeña sala con una gran pedrera. Le sigue una galería con varios desfondamientos, en uno de los cuales hay un pequeño pasamanos. Por una zona intrincada donde todos los caminos van al mismo sitio elegiremos siempre el de la izquierda. Al final de esta zona, reptando se alcanza una sala de techo alto donde confluyen varias grandes galerías. Aquí es posible proveerse de agua en una garrafa colocada estratégicamente en unos goteos. (Desde este punto se puede acceder a la Sala de la Teta). Nuestro recorrido continúa por un pequeño resalte a la izquierda. Caminando por esta galería llegamos a una cuerda por la que no descendemos. Solo nos ayudamos de ella para cruzar al otro lado, donde hay una sala de grandes bloques cubiertos de un barro blanco. Una vez superado un resalte podemos elegir entre dos caminos, que se unen a pocos metros. El de la derecha, más corto y menos visible, desciende por un pequeño pasaje a unas galerías llenas de cristalizaciones y suelo arenoso. Por ellas se camina cómodamente, hasta llegar a una zona intrincada, que da acceso a una colada por la que corre el agua. Arriba de ésta se encuentra el delicado paso estrecho.
Superada esta dificultad, nos encontramos ya en las grandes galerías de la Rubicera, en el fondo de una gran tolva. Salimos de élla por la pedrera próxima a la pared. Desde unas formaciones blancas, seguimos una marcada senda que circula próxima a la derecha de la galería. Una vez alcanzada la rampa de salida la descendemos con cuidado por unos escalones tallados.
Ya en la calle remontamos con precaución, las terrazas que previamente habremos dejado instaladas.
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