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Las
instrucciones no son muy complicadas son tres cosas que
no parece difícil de cumplir, pasamos al hangar dónde
nos visten de romanos. Nos dan un mono para cada uno y
un arnés integral.
Por fin
llega el momento, aterriza la avioneta y se aproxima al
hangar, sin parar el motor cogemos chichonera y gafas y
nos acercamos a la avioneta. No lleva puerta y subir al
interior es como montar en un 1430 de un macarra de los
años 70, no hay asientos, el suelo es de moqueta
envejecida y paredes y techo están recubiertos de un
algo que en su momento fue beige y que ahora desde luego
no lo es. Además abundan los sietes que dejan ver la
chapa de la avioneta.
Como os
he dicho no hay puerta, así que una lona sirve para
tapar el agujero por el que hemos montado. El único
asiento es el del piloto que nos mira indiferente al
montar. Subimos una muchacha que ha hecho el curso
acelerado y lleva unos 20 saltos, Olga, su monitor
(francés), mi monitor (búlgaro) y yo. Nos sentamos en el
suelo y despega la avioneta. |
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Comenzamos a
ganar altura dando vueltas en torno al lugar de despegue. Es
todo muy lento, llegar a la altura de salto (sobre los 3800
m) nos lleva casi media hora. Todo ese tiempo estamos en
silencio un par de comentarios del monitor de Olga al
principio y otro par de ellos míos son lo único que rompe el
silencio. Mi monitor tiene en todo momento cara de
concentración y el de Olga acaba durmiéndose, yo mientras
tanto, que estoy junto a la ventanilla, me dedico a ver lo
pequeño que se vuelve todo. De repente recibo un golpe en
el hombro y me indica mi monitor que vamos a repasar las
instrucciones. Por lo sencillas que son y por la cuenta que
me trae me las sé de memoria así que paso la prueba sin
dificultad. Ocupamos la peor posición y unir mis cinchas a
las suyas nos lleva un ratillo. Cuando ya estamos preparados
ayudo a subir la lona. De repente aparece ante mí muy a los
lejos el suelo, joder que "patio" nunca había visto nada
desde tan arriba. |
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La
muchacha que nos ha acompañado en el vuelo es la primera
en salir, le recuerdan que nosotros los tandistas
tenemos una zona de toma y ella otra. Me impresiona como
se coloca en la puerta y se tira al vacío. Los
siguientes son Olga y el francés... ¡suerte Olgaaaaaaaa!.
Por fin nos llega el turno, culeamos por el suelo de la
avioneta, ya estoy unido a la suerte del tipo que llevo
a mi espalda, por suerte tiene cara seria y eso siempre
inspira confianza. |
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Llegamos al borde y me saca fuera, flexiono las piernas como
una gimnasta y toco el suelo de la avioneta por fuera, la
primera obligación esta cumplida. Recojo los brazos sobre mi
pecho y cojo mis cinchas con fuerza, además pego mi cabeza
al pecho de mi búlgaro querido como si fuese un bebe y
estuviese en el regazo de mi madre y miro para dentro de la
avioneta como si hubiese cine. Esta segunda obligación esta
cumplida. Así en esa postura con todo mi cuerpo en el aire
sujeto únicamente por las cinchas del monitor, de repente
noto como saltamos. Volteamos una vez, ya nos lo habían
advertido y por fin nos estabilizamos. Recibo el primer
golpe en el brazo y suelto las cinchas abriendo los brazos,
las piernas continúan flexionadas. |
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Comenzamos a caer a una velocidad acojonante, el suelo
da la sensación que se aproxima a velocidad de la luz,
jamás había experimentado tanta sensación de velocidad
ni siquiera con la moto. No vamos muy deprisa 140 km/h
pero la sensación es muy intensa. Noto otro golpe en el
brazo, es la segunda señal y ahora recojo los brazos
para aguantar el tirón. Ya se ha abierto el paracaídas,
ahora puedo hablar con mi monitor me felicita porque le
he ayudado mucho y todo nos ha salido muy bien. Me da
los mandos para liberarse de mi peso y comienzo a notar
una ligera sensación de mareo. |
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Me
sigue hablando dándome indicaciones sobre hacia dónde debo
girar etc, mi mareo sigue aumentando y empiezo a temer que
voy a vomitar, aguanto y no le digo nada. La caída libre
duro unos 40 seg. y el planeo con el paracaídas unos 5
minutos. Por fin llega el momento de la toma, flexiono y
cogemos tierra de pie perfectamente, joder como mola la
tierra firme.
Le saludo y a
unos 20 metros nuestros están Olga y su monitor. Sigo
mareado aunque empieza a pasárseme. La chica que salto con
nosotros se ha equivocado y va a tomar tierra en un sitio
que no debe. |
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Hablando
con Olga descubro que no eran tres indicaciones sino
cuatro y que la cuarta que yo no he hecho es fijar la
vista en el horizonte y no mirar al suelo. Yo me he
pasado mirando el suelo toda la caída libre, la próxima
vez no olvidaré fijar la vista en el horizonte. A pesar
del mareo la experiencia ha sido maravillosa.
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