Una semana lluviosa nos hace pensar en
unos caminos impracticables. Aun con estas cargamos las
bicis y tiramos para Riba de Saelices, donde se
encuentra el inicio de la ruta. Siempre tenemos la opción de
visitar la cueva de los Casares.
Iniciamos la ruta y se
confirman las expectativas: el camino hasta el pueblo de
La Loma está a tope de barro.
Paquillo tiene la suerte de romper el cambio y regresar
junto con Gloria, evitándose así lo que venía después.
Poco más adelante Inma decide, acertadamente, darse
media vuelta.
Tras una fuerte subida atravesamos un
pinar y por una bajada, donde se suceden los piques,
llegamos a Ablanque.
Remontamos el valle del río
Ablanquejo hasta un punto donde nos desviamos en
busca del río Salado. Lo hacemos descendiendo por
el estrecho valle que recorre el arroyo Linares.
Baja agua a manta y nos vemos obligados a cruzarlo a pie
continuamente. El agua baja con fuerza y nos llega más
allá de las rodillas. La parte positiva es que se limpia
la bici. Me recuerda la travesía del Cuivo.
En la confluencia con el Salado
“Valle de los Milagros” el río se ensancha. Aquí hay
unas curiosas formaciones de arenisca.
Ahora seguimos por un
camino que vadea el río una y otra vez, llegando a
alcanzar una buena técnica de cruzar ríos, ahora sí, a
lomos de nuestras bicis.
Para colmo Paco sufre dos pinchazos y
una rotura de cadena.
En la parte final del
recorrido coincidimos con los senderistas del CAM.
Club Abismo - Doctor
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