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En el mundo científico se habla de un fenómeno denominado "entornitis", que viene a decir que los estudios científicos se suelen realizar en lugares próximos a la zona de residencia del investigador. Por suerte o por desgracia, esta tendencia tiene lugar también en la espeleología, y siempre acompañada de motivos económicos y por falta de tiempo. De esta manera, cuando se sale de esta gran isla continental, que es el centro peninsular, nos encontramos con paisajes y costumbres que, por regla general, nos atraen mucho, y todo hay que decir, envidiamos lo que no tenemos. Esto nos ocurrió este pasado mes de septiembre, cuando unas bien merecidas vacaciones nos acercaron a algunos rincones del norte de España, y quedamos realmente fascinados por las formaciones carsticas que visitamos, de mayor tamaño y desarrollo que por lo general se suelen encontrar en nuestro entorno.
Nuestra finalidad en este artículo, es dejar constancia, tanto de su ubicación, como en recomendaciones, y así animar a aquellas personas del club, que dispongan de condiciones favorables para realizar una escapada por estas tierras, a experimentar nuestra agradable experiencia.
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Las cuatro cuevas visitadas se encuentran catalogadas en el libro de Carlos Puch, "Grandes Cavidades", al cual podemos acudir para observar las características técnicas, geológicas, la historia de sus exploraciones y quizá una escueta topografía.
En nuestra primera visita entramos en la CUEVA DEL TOBAZO, localizada en Villaescusa del Ebro (Cantabria), muy cerca del límite provincial con Burgos, por lo que hicimos caso omiso a pedir permisos a la Comunidad de Cantabria.
Se accede a través de una pista (apta para coches) que sale a mano izquierda, una vez pasado el pequeño puente de acceso a este pueblo. Esta pista discurre paralela al río Ebro por su margen derecho, y aproximadamente a un kilómetro una bifurcación de esta a la derecha nos abre rápidamente un claro donde podemos aparcar. Desde aquí buscamos una pequeña senda que discurre aproximadamente a media ladera (situada al final del claro), hasta divisar la inconfundible cascada tobacea que nos delata la localización indiscutible de la cueva (esta cascada se nutre del agua que proviene de nuestra cueva, situada justo encima de ella).
Para introducirnos en la cueva es necesario el uso de neopreno, y probablemente la época más favorable para visitarla sea en verano, aprovechando que el nivel freático está más bajo y permite una mayor exploración. Al ser una cueva activa, con curso de agua continuo, debemos tener cuidado con las posibles crecidas debidas a tormentas, pues hay pasos que podrían sifonarse debido a su estrecha sección. También debemos tener cuidado con una cuerda fija colocada para permitir el ascenso a una galería superior (resalte de 5 ó 6 metros), ya que su estado puede estar en pésimas condiciones debido a su deterioro.
Sin lugar a dudas es una cueva de gran interés, al tratarse de una cueva con un importante régimen hídrico, que ha condicionado la formación en su salida (debido al cambio de presiones), de una cascada tobacea de grandes dimensiones.
La siguiente cueva que visitamos fue la CUEVA DEL NISPERO, situada en Orbaneja del Castillo (Burgos), a 6 Km. de Villaescusa del Ebro.
Para localizar la boca de entrada debemos de llegar hasta el cementerio del pueblo, que se encuentra al lado de la carretera (pasado el pueblo si venimos de Villaescusa). Desde el cementerio parte una senda, que cuando se divide tomamos la de la izquierda, hasta llegar a la entrada de la cueva (aproximadamente 300 metros) localizada a media ladera.
Esta cueva está fósil al haber descendido el nivel freático, aunque tiene tramos donde se alcanza este, siendo conveniente preparar el neopreno en una saca y echarlo al hombro, pues hasta los primeros lagos se anda aproximadamente un kilómetro. Estos lagos tienen instalados unos pasamanos, en muchos casos rotos, por lo cual no es muy aconsejable utilizarlos. Son interesantes los meandros desfondados, que hacen que entremos en calor, al subirlos y bajarlos, que denotan como el nivel freático ha ido descendiendo paulatinamente, hasta la fosilización de esta cueva.
La siguiente cueva que aconsejamos visitar es la de BACÓNCILLOS, realizada en integral, situada en Basconcillos del Tozo (Burgos). Una de las entradas se sitúa siguiendo el río Butrón, por donde discurre una pista, que parte frente al pueblo y que cruza primero por un pequeño puente sobre el río y luego cruza la carretera que nos lleva en dirección a Aguilar de Campoo. Esta boca se localiza a 700 metros del pueblo, en un valle ciego, donde el río se sume en la cueva, resurgiendo posteriormente con otro nombre.
Nada más introducirnos por la boca encontramos una gran sala de grandes dimensiones, debiendo seguir de frente y buscar un hilo blanco que nos guía por el camino adecuado.
En septiembre no fue necesario el neopreno, ya que hay zonas donde el río se infiltra y desaparece de nuestro camino, y cuando discurre por nuestra galería y no se puede vadear, no cubría más que hasta las rodillas, pero quizás en primavera o con lluvias sea necesario su uso.
Nada más pasar la zona donde se encañona el río se debe subir por el caos de bloques y tener mucha paciencia para encontrar una gatera entre los bloques, que nos pone en buen camino para encontrar la boca de salida, situa-da en una torca, y que nos permite realizar la integral.
Por último, visitamos la CUEVA DEL COBRE, en Palencia, lugar de nacimiento del río Pisuerga. Para acceder a la entrada debemos llegar hasta Santa María de Redondo, y desde allí tomar una pista, que siempre discurre cercana al río. La boca de entrada se localiza a 6 Km. aproximadamente. Se convierte en necesario el uso de neopreno, aunque hay tramos que se pueden ir vadeando.
Es una cueva activa, cuyo régimen hídrico se nutre de un circo glaciar, y por tanto su mayor cantidad de agua se encuentra en la época de deshielo.
Sólo pudimos recorrer 1.700 metros aproximadamente, donde la galería se sifona. Creemos que existe un resalte de unos 5 ó 6 metros, que debería estar instalado con cuerda fija y que permite continuar el recorrido, pero que hoy ya no está, quizás debido a su deterioro.
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