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Ya le teníamos ganas a este barranco de la sierra de Guara, en Huesca, alguna vez nos hemos quedado a las puertas del cañón por la amenaza de tormenta o se suspende el viaje por cualquier otra razón. Por fin, somos capaces de coincidir ocho interesados, comenzando la aventura el viernes 18 de junio de 1999. Salimos de Guadalajara Valentín, Ana, Manuel, Salva, Nacho H, Maite, Manolo y Antonio.
Del grupo sólo Antonio ha hecho el barranco y hasta tres veces, esto nos anima, pues Gorgas Negras lo pintan como barranco duro y que acabas harto. Si hay alguien que lo va a hacer cuatro veces, no será tan malo. El sábado madrugamos pero entre unas cosas y otras no nos ponemos en marcha hasta casi las diez de la mañana. La aproximación, de casi tres horas, nos lleva por la fuente de Mascún, el dolmen de la “Losa Mora” - donde hacemos un descanso frente a los picos nevados de Pirineos - y el Pueblo de Nasarre, a la entrada norte de las Gorgas. Allí coincidimos con dos grupos más, uno va ligero y lo perdemos de vista, el otro, de cuatro franceses, nos lo encontramos más veces y un par de ellas le tenemos que ayudar en rápeles (detalle que nos agradecen posteriormente, en el camping, con dos botellas de vino de Burdeos, a su salud nos las tomamos cenando).
El barranco trae más agua y más turbia que la que tiene habitualmente lo que hace más lenta la progresión, por no ver las rocas donde pisamos; en las cascadas y rápidos, por la corriente y en los saltos la espuma oculta piedras que otras veces se ven.
Alternando Rápeles, saltos – algunos fantásticos de 8 y 12 metros – y largas badinas avanzamos por un barranco que impresiona y te hace disfrutar de la vida. Aunque es cierto que puede hacerse largo si no te mentalizas bien o hay mucho cansancio, pues ya llevamos más de siete horas de Gorgas cuando llegamos a la Pardina de San Cristóbal y enlazamos con el cañón de Barasil quedando aún casi tres horas, nadando largas badinas y pateando arriba y abajo las orillas hasta llegar al puente romano que marca el final de esta gratificante y agotadora aventura.
Casi al principio nos encontramos con un grupo accidentado. Un chico con la rodilla rota y la boca partida y otro con un esguince de tobillo por un error de 50 cm. en un salto. Fueron evacuados en helicóptero rápidamente (Un mal salto por irresponsabilidad, por un ahí voy yo o un desgraciado resbalón pueden provocar una desgracia irreversible (¡Ojo al dato y oído al parche!).
El domingo empieza con las quejas de las agujetas y las lesiones, hundimiento de costilla, torcedura de dedo gordo, luxación de cuello, machaque de rodilla y golpes varios. Salvo los más aquejados los demás (Valentín, Manolo, Manuel y Nacho) nos vamos a hacer el descenso del Gorgonchón, corto cañón de apenas 200 metros pero que se disfruta por su belleza, agua limpia, estrechuras, oposiciones y minisifones y que nos desentumece de la paliza del día anterior.
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