SOBRE COVENTOSA

TIERRA...
Donde el sudor y el barro se mezclan en un silencioso abrazo... Mi vista se ha encontrado contigo.
Eres caprichosa, te moldeas y vistes de colores opacos. Te escondes y desapareces. Tierra. Juegas conmigo. Juegas con nosotros.
Caminar por ti sin avanzar, recreándonos en tus huecos y vacíos. ¡Qué atrevidos, qué curiosos!... Intentamos desvelar tus secretos, curiosear en tus intimidades. Y aquí, dentro de ti, nos hemos detenido un instante.
El vaho y el sudor se han entrelazado como humo blanco, jugueteando, corriendo, tal vez intentando imitar alguna de tus formas. Delatándonos aún más, si cabe; rompiendo tu oscuridad y silencio.
He mirado hacia delante, y allí había siempre una mano. Un caminar lento y acompasado. Y he mirado hacia atrás, y allí había siempre unos brazos. Un caminar con ritmo. Un silencioso caminar.
Nos has fundido en tu soledad eterna. Nos has hecho tuyos, y hemos luchado contra tus peligros y trampas. Por eso, respetarte y amarte. No temerte.
Tierra, que escondes maravillas olvidadas, hoy puedo decir que empiezo a conocerte. Y sabiendo que nunca te conoceré, te grito:
...Soy tuya.

Mayo 99


Este escrito lo dediqué a Coventosa. Fue la primera cueva que pisé, y se dieron algunas circunstancias que me hicieron verla de una forma especial. Pero en realidad es un escrito que puede expresar lo que siente un espeleólogo apasionado por este deporte-ciencia, o quien le apetezca tomarlo como suyo.

Y en la actualidad... Es muy triste que una Cueva tan hermosa haya perdido parte de su encanto por el trajín turístico y deportivo que tiene últimamente. No todo el mundo puede hacer la travesía Cueto-Coventosa, pero parece que los espeleólogos que la hacen recientemente pueden ser grandes deportistas, pero no grandes espeleólogos. No se me ha ido la pinza, es que la cantidad de “Potas” de carburo que pudimos ver el fin de semana de octubre que estuvimos allí, me lleva a pensar que tal vez algunas cuevas comiencen a ser el “campo base” lleno de basura de la travesía; como lo es el campo base del ascenso al Everest. Esperemos que no muchos de los que van así por las cuevas continúen haciéndolas. Esperemos que dentro del reto deportivo, entre también el reto “ecológico” de cargar con unos cientos de gramillos de más, que es lo que puede que pesen las dos o tres potas de carburo de cada uno. O más allá, esperemos que gente tan especializada, se especialice en iluminación LED. Sería todo un progreso.

La actividad espeleológica nos ayuda a entender “nuestra” Tierra, sobre todo, si somos capaces de emocionarnos con nuestra expeiencia.
 

Inma Ruiz