CICLOTURISMO CON BICIS RECLINADAS

 

Por los Hermanos Pérez

La primera vez que tuvimos noticias de las bicis reclinadas fue hace quince años en un artículo de la revista América Científica sobre los vehículos de tracción humana, y nos quedamos sorprendidos. Nunca habíamos imaginado que pudiese existir un diseño de bicicleta tan diferente del convencional. Nosotros somos cicloturistas de alforjas, y habiendo realizado infinidad de viajes en bicicletas de carreras y de montaña,  rápidamente pensamos si este nuevo tipo de bicis –en realidad no tan nuevo– sería adecuado para nuestra actividad ciclista. Según el artículo, estas bicis superaban a las convencionales en muchos aspectos (la comodidad, la aerodinámica, el rendimiento, la seguridad). Si esto era así, no comprendíamos por qué se tenía tan poco conocimiento sobre ellas y por qué no se veían en las carreteras, ni había tiendas donde adquirirlas –por lo menos en España–. Ante las dudas y las dificultades dejamos de darle vueltas al asunto, aunque ya nunca pudimos olvidarnos de la existencia de estas bicis.

Pero hace tres años cayó en nuestras manos una fotografía de una revista francesa donde se veía a un cicloturista, ya entradito en años, que estaba recorriendo Estados Unidos de costa a costa con una bicicleta reclinada. Daba tal sensación de desahogo, de comodidad, que nos pusimos a indagar, esta vez en firme.

Para el que no las conozca sólo diremos (al final del artículo se reseña donde encontrar más información) que estas bicis persiguen y logran, por el procedimiento de modificar la postura del ciclista, fundamentalmente dos objetivos: una mejor aerodinámica que permite un alto rendimiento del pedaleo (más velocidad con menos esfuerzo) y una ergonomía que confiere a estas bicicletas una comodidad increíblemente superior a la de las bicis convencionales.

Nuestro primer objetivo fue indagar a través de Internet. Allí encontramos varias páginas en castellano –algunas excelentes– que nos informaron sobre los diferentes tipos de bicis reclinadas que existen y, lo que era mucho mejor, donde podíamos comprar en España este tipo de bicicletas. La única tienda que las vende –que nosotros sepamos– se encuentra en Valencia, su nombre es Ergobike y está regentada por Guido Lindener, (un alemán aclimatado a la paella; no en vano lleva en España quince años).

Decidimos ir a Valencia, porque para nosotros, a pesar de la buena información que habíamos obtenido en Internet, era fundamental probarlas antes de una posible compra. Allí estuvimos montando en distintos modelos. Sin extendernos demasiado diremos que existen fundamentalmente dos tipos de reclinadas: las cortas y las largas. Las cortas tienen el eje pedalier más adelantado que el eje de la rueda delantera, la batalla –distancia entre ejes– es menor que en las largas y el ciclista va más recostado que en estas, estando indicadas para un ciclismo deportivo, en donde prima más la velocidad y el rendimiento que la comodidad. Las reclinadas largas tienen el eje de la rueda delantera más adelantado que el eje pedalier, y están pensadas más para el paseo o el cicloturismo de alforjas; no dan el alto rendimiento de las cortas, pero, sin embargo, la comodidad en ellas es insuperable.

Por el tipo de ciclismo que nosotros practicamos decidimos comprar un par de flamantes reclinadas largas fabricadas en Alemania (FLUX V-200).

Después de unas cuantas decenas de kilómetros de práctica y aclimatación decidimos hacer un viaje por Los Ancares y Muniellos. Este fue nuestro primer viaje, al que sucedieron, hasta la fecha, cuatro más, todos ellos con bastante dificultad montañosa.

Con la experiencia adquirida durante los casi 3.000 Km. recorridos desde que las compramos, creemos que podría ser útil exponer nuestra opinión sobre las reclinadas largas aplicadas al cicloturismo de alforjas, sus inconvenientes y sus ventajas.

En primer lugar hay que aclimatarse a la nueva postura. Nada más subirte a una reclinada puedes perfectamente salir circulando. Sin embargo, para un correcto dominio de estas bicis se necesita de un periodo de prácticas que, en nuestro caso, duró alrededor del centenar de kilómetros.

 

Respecto a la pregunta que todo el mundo se hace, incluidos nosotros antes de probarlas, sobre si en estas bicis cuesta más pedalear que en las convencionales, tiene una respuesta rápida: en llano o bajada, y a alta velocidad, las reclinadas son mucho más veloces debido a la postura aerodinámica del ciclista (estas bicicletas tienen el récord de la hora en velódromo). En subida, las reclinadas dan un rendimiento exactamente igual al de las bicis convencionales. Es evidente que en estas bicis es imposible ponerse de pie sobre los pedales, por lo que no se puede obtener la potencia puntual adicional que esto supone. Este “inconveniente” queda atenuado por la ventaja que significa tener un punto de apoyo fijo para la espalda (ver foto). Por si quedara alguna duda baste decir que nosotros hemos subido puertos durísimos (Ancares, Rañadoiro, La Morera del Montsant, El Connio, etc.) algunos con pendientes de hasta el 20%, cargados con 15 Kg de equipaje, y que ni estamos en la flor de la juventud ni somos atletas excepcionales.

En el apartado de ventajas hay que hablar de la comodidad de estas bicis, y de la ausencia de los inconvenientes que para la salud tienen las bicis convencionales. Y aquí todo lo que se diga es poco. En primer lugar hay que decir adiós para siempre al peor tormento de los ciclistas, (y muy especialmente de las chicas): el dolor de culo. Se acabaron los dolores, las rozaduras, los forúnculos, las cremas, y el suplicio de sentarse en el sillín por las mañanas, en frío, después de varias jornadas pedaleando. Cual-quiera que haya hecho viajes en bici sabe de qué estamos hablando. Las manos, las muñecas y sobre todo la espalda y las cervicales, otro de los puntos negros del ciclismo tradicional, no sufren en absoluto. Todo ello redunda en una sensación tan sumamente placentera al pedalear que podemos asegurar que el que prueba una bici de este tipo empieza a considerar a las bicis tradicionales como un potro de tortura. Cuando acabas una larga jornada de pedaleo es maravilloso que el único cansancio sea el de las piernas.

Otro punto muy importante es la seguridad de conducción. En estas bicis es imposible salir despedido hacia delante en las frenadas bruscas, siendo estas, además, muy seguras por estar el centro de gravedad muy bajo. Cuando frenas notas que la bici se pega al suelo manteniendo una perfecta estabilidad, y el control que se tiene al apoyar los pies en el suelo es perfecto. Por otra parte, en caso de caída el cuerpo esta mucho más cerca del suelo y en una postura que propicia que los riesgos de daños sean menores.

En cuanto a la seguridad vial, estas bicis no sólo no tienen problemas sino que, en todo caso, son más seguras que las convencionales, ya que a pesar de que el ciclista va un poco más bajo, los conductores te aprecian como un vehículo más grande, habiendo comprobado que al adelantarnos se separan apreciablemente más que cuando íbamos con nuestras antiguas bicis.

¿Y los inconvenientes? También los tienen, aunque hay que decir que poco importantes comparados con las ventajas. Las reclina-das vienen a pesar, a igualdad de materiales, unos cinco kilos más, y aquí hay que hacer una reflexión que pocas veces se hace al considerar los pesos de las bicicletas, a los que, desde nuestro punto de vista, se da demasiada importancia. Si tenemos en cuenta que el peso total que un cicloturista tiene que desplazar (bici, equipaje y ciclista) es aproximadamente de 95 Kg., el sumar 5 Kg. más supone un incremento de tan sólo un 5% sobre el peso total; bien poco si tenemos en cuenta que la fuerza del pedaleo no sirve sólo para desplazar el peso, sino también para vencer el rozamiento de las ruedas y la resistencia del aire, aspectos estos dos últimos sobre los que el peso no tiene incidencia alguna. Otro inconveniente es la menor estabilidad a baja velocidad (por debajo de 6 Km./h) de las reclinadas largas. A menos de esta velocidad la bicicleta tiende a culebrear. Esto es debido a la batalla larga de estas bicis y en parte se solventa con kilómetros de práctica. La mayor batalla también hace que tengan una conducción menos ágil. Las reclinadas son más aparatosas de tamaño y, aunque nuestras bicis sólo tienen 9 cm. más de longitud que una bici de montaña, debido a las dimensiones del asiento es más difícil introducirlas en trenes y autobuses; pero se puede, y así lo hemos hecho. Por último, las reclinadas, al ser bicicletas fabricadas en Europa y en mucha menor cantidad que las tradicionales, tienen un precio bastante superior a igualdad de componentes (nuestras bicis han costado 180.000 ptas. cada una).

Las reclinadas pueden ir por caminos en buen estado (tienen una estupenda suspensión) pero su uso no está indicado para caminos malos y campo a través. Para la ciudad, si no se conduce de forma agresiva, sirven perfectamente.

Os estaréis preguntando por qué no se ven estas bicis si, como decimos, tienen ventajas decisivas. Hay varias razones. Aunque las primeras bicis reclinadas se fabricaron en 1933, después de batir varios récords la UCI (Unión Ciclista Inter.-nacional) decidió, en 1938, prohibir-las en sus carreras. Esto llevó a un estancamiento en la investigación y en el uso, y se dejaron de construir. Fue en 1978 cuando de nuevo se empezaron a fabricar en Estados Unidos, fundándose a la Asociación Internacional de Vehículos de Tracción Humana (en inglés IHPVA) que se ha encargado desde entonces de promocionarlas, organizando competiciones y reuniones. Pero estas bicis se encuentran con un grave escollo para su rápida difusión: la fuerza de la costumbre. Estamos tan hechos a las bicis convencionales y las reclinadas son tan radicalmente distintas que, sin proponérnoslo, sentimos ante ellas una inexplicable desconfianza, cuando no un abierto rechazo. No obstante, las estadísticas indican que en los países europeos de mayor tradición cicloturista (Inglaterra, Holanda, Francia y Alemania) el número de estas bicicletas está en aumento, habiendo varias empresas que se dedican a su fabricación.

Para terminar, una advertencia: si eres tímido y no te gusta llamar la atención está claro que las reclinadas no son tus bicis. A nosotros, entre infinidad de anécdotas, una vez hasta nos llegó a parar una pareja de la Guardia Civil con la única intención de ver si les dejábamos –nos lo pidieron muy cortésmente– subirse en ellas.

Para más información sobre el mundo de las reclinadas podéis entrar en la dirección de Internet www.readysoft/home/mxicola/hpv.html donde también encontraréis numerosos enganches a otras páginas (sobre todo es muy buena la de Javier Manchón). Y si queréis contactar con nosotros para cualquier pregunta, podéis llamar al teléfono: 949 82 33 52

 

Madrid 30 de marzo de 2001